Hechicería demonológica
- Magitaurus de Tauraset

- Dec 26, 2025
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Updated: Dec 28, 2025
EL LEGADO DE LOS ESPÍRITUS ANTIGUOS
Ninguna práctica mágica es verdaderamente completa si no incluye el dominio y la comprensión de las fuerzas que la mayoría teme nombrar. No se trata de una aproximación decorativa a la demonología, ni de una burda evocación teatral con símbolos prestados.
Aquí se habla de contacto. De intercambio. De consecuencias. Este tratado recoge la forma en que los demonios han sido empleados en hechizos funcionales desde tiempos ancestrales, antes de que la palabra “demonio” fuera siquiera escrita.
Los antiguos no temían nombrarlos. Los temían a ellos. Pero también sabían que nada concede poder más rápido que la voluntad de caminar junto a aquello que la mayoría huye.
1 La demonología operativa
El término demonología, en este contexto, no se refiere al estudio escolástico de entidades infernales bajo las lentes del moralismo cristiano o las especulaciones del ocultismo moderno edulcorado. Hablamos de una práctica viva, dura, que implica establecer relaciones con inteligencias que existen más allá del velo de la forma, cuya voluntad es propia, y cuya atención se obtiene no con rezos vacíos, sino con verdad. La demonología operativa es la ciencia y arte de utilizar dichas entidades como herramientas, portales y armas en el trabajo mágico. No como esclavos, sino como aliados incómodos.
Estas entidades no obedecen al bien ni al mal. Obedecen a la ley. Una ley distinta a la humana, una ley de correspondencias, resonancia y firmeza. El mago que intenta manipularlas sin conocer estas leyes, termina siendo devorado por su propia necesidad.
2 Estructuras jerárquicas y naturaleza de los demonios
Las jerarquías demoníacas, registradas en grimorios antiguos como el *Lemegeton*, *Pseudomonarchia Daemonum*, o en tratados cuneiformes olvidados del valle mesopotámico, no deben ser tomadas como estructuras militares al estilo humano. Son mapas energéticos. Representan rutas, climas espirituales, nodos de inteligencia que el operador puede transitar si posee la llave adecuada.
Un demonio goético como Sitri no es simplemente un “duque”. Es un acceso a las energías crudas del deseo, el descontrol, la pasión que destruye vínculos y crea obsesión. No es un símbolo: es un vector activo de transformación. De igual manera, un demonio del panteón hindú como Vetala no se limita a su iconografía, sino que representa toda una red de entidades larvales que habitan en cadáveres, usados en rituales de disolución del ego y acceso al inframundo. Son entidades-reino, no personajes.
El mago debe comprender que al convocar a uno de estos nombres, no está evocando a un ser con forma definida, sino a un complejo arquetípico real, denso y autónomo, que le observará, le juzgará y, si le encuentra digno, le usará tanto como sea usado.
3 Demonios en el hechizo: función práctica más allá del culto
Las culturas antiguas, los cananeos, los sumerios, los egipcios, los fenicios, usaban demonios no para adorarlos, sino para operar. Estos seres eran considerados guardianes de los umbrales, destructores de obstáculos, portadores de enfermedad o riqueza, y protectores implacables.
La hechicería efectiva, la que se hace para resultados concretos, no siempre se sostiene en entidades “luminosas”. La energía que rompe cadenas, corrompe muros, somete voluntades o transmuta dolor, es casi siempre oscura, ambigua, y brutal. Es allí donde el demonio cumple su papel.
Los ritualistas babilonios, por ejemplo, invocaban a demonios de enfermedad como Rabisu no para destruir, sino para enviar su energía hacia enemigos políticos o corregir desequilibrios con sangre. En Japón, entidades como Gaki eran usadas para propiciar el hambre en los enemigos. Y en la tradición maya, demonios del inframundo como Camazotz eran convocados para cortar la cabeza simbólica de los obstáculos, tal como cortaron la de los gemelos míticos.
El hechizo demonológico no es un juego de símbolos: es una operación quirúrgica en planos densos.
4 Ética del pacto
El operador que desea emplear la demonología en sus hechizos debe comprender que no hay pacto sin precio. Pero tampoco hay precio sin poder. El error común es pensar que los demonios se alimentan de “almas” o buscan “perversión”. Lo que buscan es impacto. Intercambio real. Movimiento. Si se les da algo vivo, responderán con algo vivo. Si se les ofrece aire, responderán con silencio.
La verdad es la ofrenda más valiosa. La carne, el dolor, la renuncia, la soledad... son solo lenguajes. El mago debe asumir que lo que da, lo pierde. Y que lo que recibe, lo transforma.
Selección del demonio según la necesidad del hechizo
Elegir el demonio correcto no es cuestión de preferencia. Es un acto de precisión. Cada demonio responde a un pulso específico del universo. El mago debe aprender a identificar esos pulsos: en sus sueños, en las perturbaciones del ambiente, en las resistencias que aparecen en su vida. No siempre se elige al demonio. A veces, él elige.
Para un hechizo de protección extrema se podría usar a Halphas, cuya energía fortifica perímetros energéticos a través del miedo. Para un hechizo de invisibilidad social, Marbas. Para trabajo sexual, Asmoday. Para alterar voluntades políticas, Bael. Cada uno de ellos tiene equivalentes en otras culturas: la misma energía con distinto rostro. El sabio compara, el necio copia.
El verdadero mago no se deja llevar por listas. Observa. Escucha. Y cuando el nombre aparece en su interior como un hierro al rojo, entonces sabe que ha sido convocado para convocar.
CONJURAR CON ORDEN
Todo hechizo con implicaciones demonológicas debe nacer de una necesidad clara y de una intención afilada como cuchilla ritual. No hay espacio para la improvisación ingenua ni la estética vacía. El demonio es energía viva. El hechizo es su canal. Y el operador es, si es digno, el instrumento.
Un hechizo que involucra una entidad demoníaca no es un acto de simulación simbólica, sino una intervención directa en los tejidos sutiles de la realidad. Cada palabra, cada trazo, cada silencio es una orden. Cada error, una puerta que se abre en dirección contraria.
1 Anatomía del hechizo demonológico
Un hechizo funcional se compone de cinco vértebras: intención, entidad, medio, activación y cierre. Si una falta, el hechizo se deforma.
La intención debe ser brutalmente específica. No es lo mismo querer "castigar a un enemigo" que "reducir su influencia en tres círculos sociales específicos durante 21 días". El demonio no interpreta deseos. Responde a estructuras. El operador define la arquitectura de la caída o la creación.
La entidad es elegida por afinidad vibracional. No se trata de "preferencias". Si el trabajo es de ruptura, no se convoca a demonios de sabiduría. Si se busca enfermedad, no se acude a guías del mundo vegetal. El demonio debe ser congruente con el acto.
El medio es la forma simbólica del hechizo: puede ser un sigilo, una figura, una máscara, un nombre escrito en hueso. Pero ese medio debe contener, como un recipiente sellado, el v'inculo a la causa, la esencia de lo que se va a liberar.
La activación es el momento más peligroso. Es la conjunción de silencio, voluntad y contacto. No siempre requiere palabras, pero si requiere GNOSIS. A veces basta la presencia. A veces el sacrificio. A veces la absoluta entrega al no-retorno.
El cierre no es un adiós. Es un acto de aislamiento. El hechizo debe quedar sellado, apartado, quieto. El operador no debe abrirlo nuevamente ni observar sus efectos como quien vigila una semilla. Debe sacarlo completamente de su mente, de su espectativa. La impaciencia contamina.
2 Tipos de hechizos apropiados para la demonología
La magia demonológica se emplea en trabajos donde la luz no penetra, donde los medios ordinarios fallan, donde el operador necesita intervención quirúrgica. Entre los más comunes:
Maldiciones: emplean entidades como Andras o Glasya-Labolas para inducir violencia, ruptura, traición. El demonio se convierte en cirujano del caos.
Protección agresiva: hechizos que no impiden la entrada, sino que destruyen al intruso. Usualmente se emplean entidades como Agares, Valefor o Ipos, cuya naturaleza es la defensa reactiva y el engaño como mecanismo de protección.
Confusión mental o emocional: aquí se invocan demonios capaces de alterar la percepción. Bifrons, Marax o Foras pueden perturbar el pensamiento lógico, provocar desorientación o despertar viejos traumas.
Destrucción de obstáculos: hechizos enfocados en eliminar resistencias espirituales, materiales o humanas. Se emplean entidades como Raum, Furfur o Sabnock.
Conocimiento oculto: cuando se busca información vedada, los demonios de sabiduría, como Vassago o Paimon, abren rutas a través del sueño o la alucinación controlada. No dan respuestas. Dan visión.
3 La preparación del operador
Un hechizo demonológico no se ejecuta con la misma liviandad que una petición a un espíritu familiar. Requiere preparación no solo del espacio, sino del cuerpo y del ánimo.
El ayuno no es una recomendación: es una decantación. El cuerpo debe estar limpio de sustancias densas, la mente alejada del ruido y el alma desnuda de máscaras.
El aislamiento, previo al hechizo, sirve para marcar la frontera entre el mundo profano y el mundo operativo. Quien trae al demonio al mundo sin haber cruzado primero, se convierte en víctima de lo que él mismo desató.
El operador debe enfrentar sus propios temores. Todo hechizo con demonios refleja aquello que aún no ha sido dominado en el interior. La presencia de la entidad amplifica todo. Si hay culpa, se manifiesta. Si hay arrogancia, se rompe. Si hay duda, el ritual se vacía.
El silencio es parte del conjuro. Aprender a no hablar, a no justificar, a no racionalizar. Solo ejecutar, sellar y marcharse.
4 Instrumentos y herramientas
No hay herramientas universales. Cada demonio exige su forma. Algunos responden a metales oxidados. Otros solo a superficies animales. Los hay que exigen recipientes con restos humanos o símbolos grabados en sangre.
Lo importante no es la estética, sino la coherencia vibracional. Un cuchillo consagrado a Andrealphus no puede ser usado con Astaroth. Un sello creado en cera para Asmoday no puede almacenarse junto a un sigilo de Furcas.
El objeto se convierte en nodo. Queda habitado. Y como todo objeto habitado, debe respetarse. No se guarda. No se presta. No se toca fuera del rito.
5 Ejemplo operativo
Un operador desea destruir la voluntad de un mentor que ha abusado de su autoridad. No quiere daño físico, sino derrumbe interno. Escoge a Sitri, por su capacidad de disolver estructuras emocionales a través de la exacerbación del deseo y el ridículo.
Durante siete días, el operador ayuna, duerme poco, y recita en voz baja el nombre de Sitri hasta que aparece en sueños. El nombre es inscrito en una mezcla de arcilla y cenizas. Sobre ella, el nombre del objetivo, con saliva y sangre.
El sello es enterrado en un lugar donde el operador sufrió humillación, bajo un símbolo de dominio sexual. No se pronuncia palabra. No se pide permiso. Solo se entrega. A partir de ahí, no se vuelve a pensar en ello.




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